Un viaje de ida y vuelta


Guardamos en la memoria vivencias traumáticas o imposibles de explicar, que quedaron encriptadas y pueden resurgir a modo de ansiedad, fobias o miedos.

Para abrir la puerta, hay que regresar a ese estado mental, y lo consigue la hipnosis clínica. Pero sólo si nosotros queremos ..

La hipnosis como terapia no es ninguna novedad, es una linterna que enfoca las partes más oscuras del cerebro. Despojada de la parafernalia circense y mediática, es una terapia que en los últimos años ha experimentado un renovado interés por su eficacia en el manejo del dolor, la ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos, tabaquismo, miedos etc. Y, es en psicología donde en los últimos años ha despertado un mayor resurgir. “Se trata de una herramienta muy positiva que ayuda en la terapia, ya que permite a la persona situarse en un estado de conciencia determinado y abrir, de esa manera, un portal al inconsciente”. No estamos dormidos, no vamos a cantar como un lorito ni a hacer cosas contra nuestra voluntad, tal y como se ve en las películas o en la televisión. Simplemente, nos situamos en un estado que permite adentrarnos en recuerdos encriptados que, años después, nos producen un problema.”

La hipnosis nos hace situarnos en un estado de conciencia deseado, con unas ondas mentales determinadas. Las neuronas se comunican entre sí mediante impulsos, que producen una corriente eléctrica con una frecuencia que se mide en hertzios (HZ). Cuando estamos dormidos, se habla de nivel –delta-, de hasta 3 Hz. De 2 HZ a 7,5 HZ es el nivel –theta-, que es el ideal para entrar en hipnosis. Se produce durante la meditación, en un flujo de ideas y es un enlace al inconsciente. De 9 Hz a 12 Hz estaría el nivel –alfa-, relajado, donde se da lugar a la imaginación o a esos ensueños que nos dejan absortos durante el día.

Los siguientes niveles son los activos: de 13 a 28 Hz está el nivel –beta-, de atención, alerta y reflexión. Y más de 28 Hz estaría el nivel -gamma-, alto y peligroso, cuando estamos muy excitados, asustados o irritados.

La hipnosis actúa entre el nivel theta y alfa. No estamos dormidos, sino conscientes. En ese estado, podemos hacer un viaje de ida y vuelta al subconsciente y afloran entonces recuerdos que habían estado bloqueados como defensa.

Nuestro cerebro puede ayudarnos si se produce un hecho que nos causa un enorme impacto. No tiene por qué ser una vivencia terrible, simplemente nos impactó en gran medida pero quizá no pudimos procesarlo correctamente.

De pequeños, nos pueden faltar herramientas para que el cerebro interprete, integre y entienda un hecho determinado. Se queda entonces guardado pero el recuerdo queda encriptado y no podemos llegar a él. Sin embargo, el trauma está ahí y se puede llegar a somatizar de distinta forma. Puede haber entonces trastornos obsesivos, situaciones de ansiedad, fobias .. “Cuando nos damos un tremendo susto o algo nos deja embobados por la sorpresa, entramos en esa franja de frecuencia, estamos por un momento hipnotizados y entra directamente la información a la memoria. Si no podemos asumirlo, habrá un bloqueo”.

Ese cortocircuito puede resolverse con la ayuda de la hipnosis: regresar a esa frecuencia y, así, entrar y rescatar la vivencia. Para que las sesiones tengan éxito, sin embargo, la persona tiene que ser sugestionable, estar dispuesta a ser influida por una serie de palabras e información, sería poder y querer entrar en esa frecuencia que permite la entrada al subconsciente.

La segunda premisa sería el tipo de profundidad del trauma, “porque cuanto más profundo sea y más haya que remontarse en el pasado, más habrá que trabajar hasta llegar a ese recuerdo encriptado. Y se llega lejos, muy lejos”. La tercera condición entrarían las capacidades del terapeuta y los tipos de técnicas.

Existen tres tipos de hipnosis: la clásica, la posteriksoniana y la de movimientos de cabeza inducidos.

En la clásica, la primera fase sería la inducción, en la que el terapeuta consigue que la persona se relaje a través de una serie de pasos. Es entonces cuando comienza la fase de profundización, que busca focalizar sensaciones internas. Entonces llega la intervención, cuando el paciente ha alcanzado el nivel de sugestión y el terapeuta habla y conduce.

La posteriksoniana es diferente y busca bloquear el hemisferio izquierdo, la parte racional y lógica, para que quede libre el derecho, donde se da la intuición y la creatividad. Se consigue saturando de información al paciente, para que la memoria a corto plazo del hemisferio izquierdo se interrumpa ante la avalancha de órdenes. Finalmente, también se puede aplicar la hipnosis por movimientos, muy práctica para pacientes sordomudos o con retraso.

Tratamos de olvidar a los hipnotizadores de circo y rompemos una serie de mitos que han hecho mucho daño a la imagen de esta terapia. Por ejemplo, el hipnotizador nunca se puede apoderar de nuestra mente. Tampoco es cierto que perdamos el control mental y es falso que alguien pueda hipnotizarnos contra nuestra voluntad. Además, el que se deja hipnotizar no es más débil que aquel a quien le resulta imposible. “Y es importante dejar claro que la hipnosis puede utilizarse para hacer el mal. Pero el paciente ha de querer realizar las órdenes".

Hacer un viaje a tu subconsciente resulta ciertamente interesante. Seguro que lo has pensado en mas de una ocasión.

Centro Luri desde Zaragoza


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