Fumar sirve para todo ... o NO

Actualizado: ene 20


“... Yo era muy nerviosa y no dormía bien, me di cuenta que un cigarrillo me calmaba y me ayudaba a conciliar el sueño, desde ese momento no lo pude dejar....” Una abogada

“.... No me hable de dejar el tabaco, tengo que entregar un guión semanalmente y lo único que me ayuda a concentrarme es el cigarrillo...” Un famoso escritor de teleteatro.

“ ...Cuando la puerta de mi despacho se abre seguro es un problema en ciernes, cojo un cigarrillo y me enfrento a lo que venga....” Un jefe de personal de una empresa multinacional

“ ....Cuando suena el teléfono sé que no escucharé elogios, levanto el auricular enciendo un cigarrillo y me preparo a soportar lo que venga...” Una secretaria ejecutiva

Al interrogar a usuarios de drogas sobre sus sensaciones al consumir, se escuchan relatos similares para cada una de ellas, la cocaína invariablemente produce euforia, la marihuana ensoñaciones, el alcohol borrachera. Solo los fumadores no logran ponerse de acuerdo sobre porque fuman y que sienten al hacerlo. Sus razones para fumar y sus sensaciones son inesperadamente diversas.

En mi época de estudiante, yo estaba convencida que no era posible estudiar sin fumar, pensaba que me concentraba y memorizaba mejor. Lo curioso es que también en un momento de tensión encendía un cigarrillo en busca de una serenidad que fumando nunca logré alcanzar.

¿Una misma sustancia puede provocar concentración y lucidez en algunas situaciones, y en otras producir calma y sosiego?

El café sirve, sin duda, para aumentar la concentración y la lucidez. Pero nunca cambia su acción. No parece lógico tomar un café para irse a dormir. Un sedante calma la ansiedad y facilita el sueño. Pero nadie tomaría un sedante antes de ponerse a estudiar.

¿Por qué el cigarrillo parece servir para todo?

La explicación es sencilla, fumar parece servir para todo porque, en realidad, no sirve para nada y, sin lugar a duda, no causa ningún efecto memorable.

Si al terminar de fumar un cigarrillo te preguntas:

- ¿Qué sensación he sentido? –

la respuesta, probablemente, será:- ¡Nada! –

Ahora pregunto yo: -

¿Y porque te lo fumaste? - Quizá me respondas: Porque lo necesitaba.

Si al final del día tratas de recordar donde y cuando fumaste cada cigarrillo, te acordarás de muy pocos. La mayoría no deja ningún rastro en tu conciencia, ni bueno ni malo. No los recuerdas porque, sencillamente, fumar no produce ninguna sensación en especial.

Al momento de apagar un cigarrillo comienza una etapa de ansiedad que se va incrementando con cada minuto que pasamos sin fumar, cualquier cosa que intentemos hacer antes de encender un nuevo cigarrillo nos hará sentir inquietos y angustiados. Fumar un cigarrillo elimina esa angustia y nos permite comenzar con lo que debemos hacer. Lo mismo da que tengamos que cambiar una rueda, escribir un artículo, bailar o irnos a dormir. ¡Debemos consumir nicotina para conseguir ponernos en acción!

La adicción nos impide descubrir esta indudable circunstancia. Preferimos imaginar que nos ayuda. A contramano de la realidad y del sentido común, al poco tiempo de fumar comenzamos a creer que nos ayuda a trabajar, a divertirnos, o simplemente a descansar. Finalmente terminamos adjudicándole al cigarrillo miles de funciones todas imaginarias y maravillosas.

Al dejar de fumar, cada uno de estos acontecimientos, en que suponemos que un cigarrillo nos sirve, traerá el recuerdo y los deseos de fumar. Este enorme conjunto de situaciones, y sus consecuencias, constituye la llamada dependencia psicosocial.

Pronto la reflexión inicial a cada circunstancia se olvida y el hecho mismo se transforma en un determinante que provoca automáticamente el consumo de un cigarrillo, estos sucesos aislados se denominan “situaciones gatillo”.

Desde el momento en que pensamos que fumar nos ayuda, de alguna manera, a vivir, somos aliados de la adicción. Ahora ya no es solamente la dependencia química la que nos obliga a fumar permanentemente. Cada conclusión irracional y fantasiosa atribuida al cigarrillo es un eslabón más de la cadena que nos somete, renunciar a esta colección de ilusiones es un requisito indispensable para dejar de fumar para siempre.

¿Qué es lo que sucede en realidad?

Incorporar nicotina periódicamente en nuestro cerebro se convierte con rapidez en una necesidad fisiológica tal como comer, beber, orinar, o dormir. Es nueva y artificial, pero, salvo por esas dos circunstancias, indistinguible de las necesidades fisiológicas naturales.

Nadie puede escribir “El Quijote” con ganas de orinar, bueno, en realidad nadie puede escribir El Quijote. Tampoco nadie puede irse a dormir con ese deseo. ¡Lo mismo sucede con fumar! Fumar, es realmente una necesidad fisiológica nueva, y nos impide, si no la calmamos, realizar cualquier tipo de actividad, no importa que ella sea de recreación, trabajo o descanso. En lugar aceptar esta sencilla y verdadera explicación realizamos un esfuerzo intelectual sorprendente para llegar a la conclusión de que el cigarrillo, en algunas circunstancias, nos ayuda. Una autobservación cuidadosa no solo nos hace concientes de la necesidad periódica de fumar, también desenmascara los momentos en que creemos que nos ayuda y revela la inutilidad de cada cigarrillo fumado. El cigarrillo no nos sirve absolutamente para nada y perjudica nuestra capacidad tanto para trabajar como para divertirnos. Infinidad de veces he debido soportar la triste experiencia de fumar sin control, obteniendo solo molestias, incomodidad y dolor. Después de algunas horas de trabajo intelectual, fumando sin pausa, finalizaba con palpitaciones permanentes, un penetrante dolor de cabeza, las manos sudorosas y la mente ensombrecida por el humo. En mis últimos tiempos de fumadora no podía evitar pensar: - ¿Por qué fumo tanto? - Una vocecita suave seguramente llegada de una porción no contaminada de mi cerebro, me respondía con un susurro apenas perceptible: - ¡Porque eres una imbécil! - Conclusión El tabaquismo es la única adicción que tiene un componente psicosocial tan importante. A pesar del mejor de los tratamientos del síndrome de abstinencia, si no tomamos en cuenta estos componentes psicológicos del tabaquismo las recaídas serán frecuentes. No es posible dejar de fumar sin concluir antes de hacerlo que todos los efectos, sensaciones y razones que nos damos para seguir fumando son producto de nuestra imaginación. Y que estos pensamientos erróneos, por momentos delirantes, son consecuencia de la falta de una acción especifica de nuestra droga preferida. El cigarrillo no sirve para nada ni produce ninguna sensación en especial. Debemos inventar las razones y sensaciones por las que fumamos para no convivir con una dolorosa realidad: “Fumamos únicamente por que la adicción nos obliga a hacerlo”. Toda otra explicación es un mito creado por la propaganda y por nuestra capacidad para vivir permanente dentro de una ilusión.

Animo, yo fui consciente en su momento como fumadora de mi condición de imbécil por hacerlo. Sigo pensado que ha sido la mejor decisión de mi vida (ser consciente del significado y valiente para seguir adelante sin el tabaco) y sabéis la sorpresa ¡Estoy mucho mejor sin él!

Centro luri acupuntura y naturopatía. Zaragoza


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