Estrés y coherencia cardíaca


El estrés mata. Cuando se convierte en algo crónico, resulta catastrófico para el organismo.

El estrés agudo (es decir, el que se produce de forma aislada y pasajera), no tiene nada de negativo. Es la forma en la que el organismo moviliza la energía y la pone a nuestra disposición para permitirnos reaccionar ante un estímulo concreto. Nos permite reaccionar rápido para echar a correr si está a punto de irse el autobús, o nos hace estar en tensión, prestos para reaccionar, si pasamos por una calle oscura y solitaria.

Lo que ocurre dentro del organismo es que frente a un acontecimiento estresante puntual se envían varios mensajes al cerebro, concretamente a la amígdala, una región cerebral que descodifica las emociones y los estímulos ante amenazas. La amígdala desencadena reacciones que liberan las hormonas asociadas al estrés, en concreto la adrenalina y el cortisol.

Los síntomas somáticos del estrés están relacionados básicamente con una hiperactividad de la rama simpática del sistema nervioso autónomo, que controla gran parte de las actividades inconscientes del cuerpo humano, como el ritmo cardíaco, la contracción muscular, la producción de orina y la actividad de muchos órganos.

Cuando el estrés se instala y forma parte de la vida diaria, sus efectos en el organismo son devastadores, modificando su funcionamiento. La secreción muy abundante e inadecuada de adrenalina, al principio estimulante, se volverá perjudicial y arruinará el día a día de la persona estresada. Provoca tensión muscular, palpitaciones, bloqueo en la respiración, subidas de tensión, disminuye la respuesta inmunitaria del organismo y termina causando envejecimiento prematuro, depresión y ansiedad, entre otros.

Cuando se sufre estrés, es importante actuar cuanto antes. Y desde luego los medicamentos no son una buena opción a largo plazo. Hay muchas cosas que deben formar parte de un plan de acción natural contra el estrés (pasando por la alimentación, la toma de los complementos nutricionales adecuados, la práctica de deporte y seguir un estilo de vida saludable).

La coherencia cardíaca permite gestionar el estrés y la ansiedad enseñando a quien la practica a regular el ritmo cardíaco a través de la respiración. Sólo hay que aprender una técnica precisa (muy simple y de alto rendimiento) de inspiración-espiración que permite alcanzar un ritmo respiratorio concreto y, con ello, el control del ritmo cardíaco. La inspiración produce una aceleración temporal del ritmo cardíaco, mientras que, por el contrario, la espiración induce su ralentización. Haciéndolo dominamos los latidos del corazón.

Piensa que el corazón no se conforma con recibir órdenes del cerebro, sino que también influye sobre él. Al acelerarlo o ralentizarlo mediante esta técnica él se encarga de activar o relajar el sistema nervioso autónomo, que participa en la regulación del metabolismo de la energía y la temperatura, así como en la reacción ante las agresiones. Modificando la respiración, se implica al corazón y al resto de sistemas que dependen de él.

Practicando la coherencia cardíaca, podrás beneficiarte entre otros de estos efectos:

  • Reducción del estrés y una mejor claridad mental.

  • Mejora del equilibrio emocional y del sueño.

  • Reducción de la diabetes, el colesterol y la hipertensión.

  • Mejora del sistema inmunitario.

  • Regulación hormonal.

  • Regulación del peso.

  • Aumento de la variabilidad cardíaca (un marcador de salud relacionado con la esperanza de vida).

Seguro que más de una vez te has sentido estresado. El estrés es uno de los grandes males de nuestra época. Y la coherencia cardíaca es una solución tan sencilla como aprender a respirar.

Aprender siempre es positivo, anímate y tú salud te lo agradecerá.

Centro luri acupuntura y terapias naturales. Zaragoza


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