El segundo cerebro


Ese conjunto de bacterias que habitan en nuestro interior que conocemos como flora intestinal tiene un papel tan relevante que ya se considera un nuevo órgano esencial. Y no sólo relacionado con la salud física, sino también mental, hasta el punto de que se le denomina también nuestro “segundo cerebro”. Y es que millones de neuronas se encuentran en el intestino y en el cerebro, y ambas se comunican e influyen en las emociones.

Un desequilibrio de esas bacterias del intestino puede causar gran cantidad de síntomas y enfermedades, como sobrepeso y obesidad (con sus consiguientes complicaciones inflamatorias como la diabetes y las enfermedades inflamatorias, fatiga y problemas de sueño), problemas digestivos (diarrea, estreñimiento, hinchazón abdominal, flatulencias…), trastornos de la piel (como eccema o psoriasis), problemas relacionados con el equilibrio nervioso y emocional (como el estrés o la depresión), enfermedades infecciosas (como gripe, resfriados, gastroenteritis…), algunos tipos de cáncer (como el de colon, el de mama o el de próstata) y un largo etcétera.

Esta demostrada la importancia de la flora intestinal en la salud. Por ejemplo, este mismo año un estudio español ha demostrado con nuevas pruebas cómo la alteración en la flora intestinal se relaciona directamente con el desarrollo de la esclerosis múltiple. Para ello, han utilizado dos biomarcadores indicadores de cambios en la microbiota, que han servido para trazar el proceso en el que la alteración en la barrera intestinal desencadena el proceso inflamatorio que afectará al sistema nervioso y provocará el daño neurológico. Se ha confirmado la conexión entre la flora intestinal desequilibrada y la diabetes gestacional, y también es muy reciente un estudio que vincula una buena, variada y equilibrada flora intestinal con una mayor longevidad. Existen floras bacterianas en el intestino delgado, en el estómago, en la boca… La del colon se calcula que comprende aproximadamente 100 billones de microorganismos (bacterias, arqueas, levaduras, hongos y virus). Eso supone aproximadamente 10 veces más que el número de nuestras células. Todas las bacterias alojadas en el cuerpo pesan casi dos kilos (por tener un elemento de comparación, el cerebro sólo pesa un kilo y medio). Una flora intestinal en estado óptimo debe contener un 85% de bacterias buenas y un 15% de bacterias malas. Nuestra flora intestinal es un capital inestimable que debemos cuidar a toda costa. Debemos nutrirla con alimentos escogidos y volver a sembrarla cada cierto tiempo con probióticos.

Incorporar a la dieta alimentos como el chucrut (col fermentada con agua y sal), kéfir (leche fermentada con el hongo del mismo nombre), tempeh (pastel elaborado a base de soja fermentada). Dentro de los complementos alimenticios hablamos de cuatro probióticos y dos prebióticos que van a ayudarte a recuperar la flora intestinal y mejorar tu estado de salud. Se trata de un camino sencillo y rápido de enriquecer tu flora intestinal. Los probióticos son bacterias vivas cuya función es colonizar el tubo digestivo, mientras que los prebióticos son nutrientes destinados a alimentar bacterias específicas una vez implantadas.

Cuatro probióticos

Los probióticos son bacterias muy distintas entre sí, por lo que sus acciones son muy distintas según pertenezcan a una u otra cepa. Y es que las bacterias se agrupan en familias (familia lactobacilos, familia bifidus…) pero luego, como ocurre con las personas, dentro de estas familias cada persona se comporta de una manera diferente. Estos probióticos son especialmente beneficiosos:

• Lactobacillus rhamnosus

Esta bacteria se utiliza con frecuencia en los productos lácteos en Finlandia y en Estados Unidos, donde sus virtudes para reforzar la inmunidad son muy apreciadas. Protege de la diarrea y reduce la permeabilidad del intestino, producida por el síndrome del colon irritable o por el consumo de alcohol.

• Bifidobacterium longum

Esta bacteria beneficiosa se identificó hace más de 100 años en un lactante. De las 500 especies de bacterias intestinales, el Bifidobacterium longum es una de las más extendidas. Reduce la intolerancia a la lactosa, las alergias alimentarias, la colonización por bacterias patógenas y la incidencia de la diarrea. Además, el Bifidobacterium longum tiene también la capacidad de disminuir el pH del intestino para hacerlo más ácido, lo que previene la aparición del cáncer de colon y ralentiza su evolución.

• Lactobacillus acidophilus

Este probiótico permite atenuar los problemas intestinales provocados por la ansiedad. El Lactobacillus acidophilus es también útil para facilitar la digestión de la lactosa. Se adhiere con facilidad a la pared intestinal, lo que facilita su implantación cuando se realiza un tratamiento con probióticos para repoblar la flora intestinal. Hay que tener cuidado, ya que aunque el Lactobacillus acidophilus es predominante en el tubo digestivo, no se conoce aún del todo. Por eso, por precaución, se desaconseja en mujeres embarazadas y en personas con síndrome de colon irritable o problemas inmunitarios.

• Bifidobacerium infantis

Es una bacteria probiótica que se encuentra en el intestino, tanto de niños como de adultos. Beneficiosa por los ácidos que produce, que impedirían el crecimiento de la población de bacterias dañinas dentro del colon, juega un papel muy importante en la digestión y el metabolismo.

Y dos prebióticos

• Fructooligosacáridos

Los fructooligosacáridos se encuentran de forma natural en las cebollas, la achicoria, los espárragos y los tomates. Se pueden obtener igualmente de las algas o de la caña de azúcar. Los fructooligosacáridos son consumidos por las bacterias de la flora intestinal, y son excelentes prebióticos.

• Ribosa

La ribosa es un azúcar útil para todos los organismos vivos que garantiza el metabolismo óptimo de la célula. Entra en la composición de la adenosina trifosfato (ATP), el carburante de la célula que permite responder a las necesidades de energía del organismo. Permite la fabricación del ácido ribonucleico (ARN) para la transcripción del código genético y sirve también para producir otras moléculas esenciales para los procesos metabólicos, como por ejemplo el NADH (Nicotín adenín dinucleótico). La ribosa es especialmente importante para estimular y reforzar las bacterias de la flora intestinal: las bacterias buenas que ingiramos proliferarán fácilmente en el tubo digestivo.

Impulsar el sistema inmunitario y mejorar la digestión

Si estos cuatro probióticos tienen tantas virtudes por separado, imagina sus beneficios si actúan de forma sinérgica, “alimentados” además por los dos prebióticos que has visto. Al combinar probióticos y prebióticos, este complejo permite volver a sembrar bacterias buenas y nutrirlas para que proliferen en el tubo digestivo. El mantenimiento de la flora intestinal permite reforzar las defensas inmunitarias y mejorar la digestión. Las bacterias deben permanecer vivas y sanas desde el momento de la elaboración del producto hasta que sean ingeridas. Y no sólo eso, sino que deben poder atravesar la barrera digestiva sin ser destruidas por las enzimas y los jugos gástricos, a fin de implantarse en el intestino. En este momento existen productos fantásticos en el mercado para su uso sinérgico y encapsulados. Para facilitar la supervivencia de los probióticos, se recomienda tomar una cápsula en ayunas por las mañanas, cuando las enzimas digestivas están aún “dormidas”. Con eso basta para ayudar a repoblar su flora intestinal. Si en cualquier edad es conveniente cuidar la flora intestinal, a partir de cierta edad es imprescindible. Mantener la salud a medida que pasan los años depende de una óptima homeostasis (equilibrio) de los diferentes sistemas (nervioso, endocrino e inmunológico, etc.) y de las interacciones correctas entre estos sistemas y la microbiota. Pero estos sistemas precisamente se van alterando con la edad, lo que se manifiesta en la reducción de la capacidad de todos los órganos. La inmunosenescencia (que es como se conoce la disminución fisiológica de la función inmune) está íntimamente relacionada con la alteración de la microbiota a partir de cierta edad. Por eso los científicos tienen claro que tomar probióticos de calidad es particularmente importante a partir de cierta edad, como forma de defensa frente a las infecciones y para prevenir las enfermedades relacionadas con la edad.

Muy bien amigos míos, seguiremos hablando de éste y otros temas de interés para nuestra salud.

Centro Luri acupuntura y terapias naturales, en Zaragoza.


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